El Sierra: La burbuja revolucionaria de Ford – Parte 1

A fines de mayo de 1984, la ciudad de Buenos Aires se vio invadida por una campaña incógnita que empapeló de curiosidad vastos sectores de su vía pública. Desde los espacios publicitarios se apreciaba el logo de Ford, en posición central sobre un fondo azul, envuelto por unos haces celestiales y acompañado de un mensaje que decía “Maneje el viento”. La incógnita se reveló semanas más tarde cuando la terminal de Pacheco presentó el Ford Sierra. 

El público argentino se sorprendió con una inédita silueta aerodinámica que no se parecía en nada a todo lo producido hasta entonces por Ford en el país. La silueta del Sierra no pasaba desapercibida en la calle, aún para los transeúntes con escasa o nula sensibilidad automovilística. Su diseño de dos volúmenes y medio, con portón trasero, contrastaba con todo lo conocido en el mercado local, abarrotado de tradicionales sedanes cuatro puertas y de tres volúmenes.

El Sierra incorporaba soluciones innovadoras en su carrocería como el parabrisas, luneta y tercera ventanilla lateral enrazadas y pegadas, combinadas con una serie de elementos diseñados en función de optimizar su performance aerodinámica. 

La apuesta de Ford era fuerte y arriesgada. Remplazar al exitoso Taunus era una estrategia que pocos comprendían y de la que muchos desconfiaban. El proyecto “Tony”, como se lo conocía internamente, implicó una inversión de 70 millones de dólares. La producción de este avanzado modelo fue toda una revolución para la planta de Pacheco que debió reequiparse con nuevas tecnologías acorde a los elevados estándares de calidad que requería su fabricación. Una parte sustancial de los millones invertidos fueron destinados a la instalación de robots para garantizar la absoluta precisión en el armado de las carrocerías. El conjunto tenía capacidad para fabricar 60 unidades por hora, una exageración para el alicaído mercado de aquellos años.

El novedoso auto de Ford había sido lanzado en el mercado europeo el 21 de septiembre de 1982. Su diseño fue derivado del prototipo Probe III que la marca del óvalo presentó en el Salón de Frankfurt apenas un año antes. El auto de concepto resultó un ensayo que tenía como objetivo obtener una forma que redujera el coeficiente de resistencia aerodinámica a valores inéditos para una carrocería de tipo berlina, con cinco puertas y capacidad para cinco pasajeros. Para ajustarlo a la producción seriada, su diseño fue optimizado por un grupo de diseñadores liderados por Uwe Bahnsen, Robert Lutz y Patrick Le Quement.

Meses más tarde de su exitoso lanzamiento europeo, Ford Motor Argentina tomó la decisión de producirlo en el país. Para nuestro mercado se eligieron inicialmente dos versiones y dos propulsiones. El modelo base era el “L”, equipado con un inédito motor de cuatro cilindros en línea de 1.600 cc y 75 CV a un régimen de 5.000 rpm. En este motor, totalmente nuevo, se introdujeron una serie de mejoras para reducir la fricción, como la forma del pistón que reducía la superficie de contacto pistón-cilindro. 

La versión de lujo era el Ghia. Su propulsor de 2.300 cc y 105 CV derivaba del Taunus, pero introducía modificaciones que mejoraron su comportamiento, en especial en relación a su consumo

Tanto el “L” como el Ghia compartían la misma carrocería, aunque con una leve diferencia en el frontal y en los elementos decorativos. La trompa del “L” presentaba una parrilla de tipo persiana de tres aberturas horizontales con el logo de Ford en el centro, mientras que el Ghia se destacaba por un frente sin aberturas y con faros de profundidad integrales de mayores dimensiones. El flujo de aire para refrigerar el motor pasaba por una mínima abertura que dejaba una moldura superior del paragolpes. El exterior del Ghia incluía baguetas protectoras laterales de PVC con apliques cromados y tazas enrazadas de diseño aerodinámico.

A pesar de la incertidumbre que acompañó su presentación, el público argentino reaccionó favorablemente a la propuesta de Ford. Apenas habían pasado 60 días de su lanzamiento cuando las 4.400 unidades comercializadas lo convirtieron en el auto más vendido de su categoría.

Ver : El Sierra: La burbuja revolucionaria de Ford – Parte 2

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