El regreso de los Valientes

La historia del Desafío comenzó exactamente en 1970, cuando por iniciativa del promotor cordobés Alcides Raies los “valientes” se subieron a las berlinas Fiat 1600 para recorrer el trayecto de ripio que une Villa Carlos Paz con Mina Clavero, y donde prevaleció Eduardo Rodríguez Canedo, quien también ganó la edición de 1971 en el mismo trazado y con un auto similar. Hubo en carpeta una propuesta para realizar -en febrero de 1971- una revancha del Desafío utilizando las por entonces novedosas y voluminosas coupés Dodge GTX, pero finalmente la idea no prosperó. Para 1972, la marca italiana decidió la realización de una prueba mixta en montaña y autódromo con los Fiat 125, y cuyo ganador fue nada menos que Jorge Raúl Recalde. En 1973 se dejaron de lado las berlinas de tracción trasera para promocionar los nuevos 128 IAVA de 1300 cc en el exigente circuito “El Zonda” de San Juan. Allí, la experiencia en pista le permitió a José Cano quedarse con el lauro máximo. En 1975, la tradicional competencia se animaba a cruzar el charco para correr nuevamente con los 128 IAVA en la pista del Pinar, en Uruguay. Esteban Fernandino fue el ganador, sin saber que a partir de ese momento -y principalmente por cuestiones de índole económica-, el Desafío cancelaría su cita anual.

Afortunadamente, hacia finales de 1986 comenzó a circular el rumor de que SEVEL estaba interesada en reflotar esta competencia que parecía perdida para siempre. Se decidió realizar el Desafío en Córdoba debido a que ofrecía la posibilidad de correr en un tramo de montaña -que iba desde Cuesta Blanca hasta Copina- para luego definir en el asfalto del autódromo Oscar Cabalén. En esta ocasión, los autos elegidos fueron los Fiat Regatta 85, un cuatro puertas del segmento mediano impulsado por un motor de 1500 cc, 9,2:1 de compresión y 82 hp con los que alcanzaba una velocidad máxima de 165 km/h. Los autos estaba prácticamente estándar: además de montarle una jaula antivuelco por cuestiones de seguridad se le habían realizado algunos retoques en la suspensión, mientras que para la etapa en pista calzarían neumáticos slicks Faneco. Estos Regatta serían “maltratados” por 22 pilotos entre los que se destacaban las presencias de Juan María Traverso, Eduardo Rodríguez Canedo, Eduardo Copello, Gastón Perkins, Luis Di Palma, “Cocho” López, Alberto Baldinelli, Ernesto Soto, Gabriel Raies y Francisco Alcuaz, entre otros.

Finalmente, el evento fue anunciado para los días 21 y 22 de febrero de 1987. El sábado 21 se corrió la primera etapa, cuya extensión era de 21 kilómetros de montaña pura, y en la que obviamente se destacaron principalmente los pilotos de neta extracción rallística. Los seis primeros lugares de la clasificación quedaron en poder de Ernesto Soto, Gabriel Raies, Mario Stillo, Miguel Torrás, Juan María Traverso y Horacio Badra. La concurrencia de público fue muy buena, aunque muchos opinaron que debió haber sido más extenso o bien, repetir el mismo tramo pero en sentido inverso. El problema era que los autos debían estar lo más enteros posibles para la carrera del día siguiente, máxime teniendo en cuenta que durante los entrenamientos se rompieron varias unidades.

Así las cosas, los 22 valientes aterrizaron en el perimetral número 2 del Oscar Cabalén de Alta Gracia. La etapa final estipulaba 20 giros y estaba claro que los “pisteros” tendrían cierta ventaja. Alberto Baldinelli, quien por ese entonces ya corría con un Fiat Regatta en la Clase 2 de Turismo Nacional, tomó la punta apenas largada la carrera y no la abandonó hasta el final. Mientras tanto, atrás hubo de todo: roces, fricciones, bloqueadas y vuelcos, producto del fragor de la lucha y de la lógica paridad mecánica. Por supuesto no faltaron las polémicas, como el toque entre Traverso y Cocho López que anticiparía una rivalidad que luego recrudecería en el TC2000. El vencedor fue Baldinelli, seguido por Carlos Garro, Omar De Giovanni, Mario Stillo, Miguel Torrás y Juan María Traverso. Soto (ganador de la etapa inicial) sabía que tenía una buena diferencia de tiempo a su favor, por lo que prefirió no complicarse con el pelotón de punta y la administró muy inteligentemente. La suma de tiempos de ambas etapas arrojó finalmente como vencedor a Ernesto Soto, seguido por Mario Stillo, Miguel Torrás y Juan María Traverso, el mismo que en 1988 se cobraría revancha y asombraría a todos al lograr una victoria que parecía imposible.


Por Adrián Vernazza, nota publicado en la edición nº39 de la revista digital Autohistoria

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