Un pedazo de historia, allá en Pompeya

Barrio de tango. Así bautizó a Pompeya el poeta Homero Manzi en una de sus más recordadas composiciones. Y entre sus calles lejanas, llenas de luna y misterio, abre sus puertas el Museo Porteño “Lo de Gustavo”, un pedazo de historia enclavado en el sur capitalino. 

2001 fue un año crítico. Entre corridas bancarias, recesión y riesgo país creciente, Argentina se encaminaba hacia una de sus crisis más tristes y dolorosas. Pero en medio de una sociedad arrastrada entre el caos y la desesperación, Gustavo Fattori, un porteño fierrero nacido en el barrio de San Cristóbal, desafiaba el vendaval poniendo en marcha un sueño.

“En 2001, en medio de un país en llamas, yo tenía un montón de autos desparramados y algunos amigos me decían que me desprendiera de ellos, que eran todos cachivaches, pero no podía. Por eso busqué un barrio, algún lugar a mitad de cuadra en el sur de la capital para que le gente lo sintiera como un hallazgo. No es lo mismo que estuviera en Palermo Soho o en Caballito, busqué que estuviera en Pompeya. Ahí puse parte de los autos que hoy tiene el museo, los objetos vinieron después”. Así comienza a contarnos su historia Gustavo, apenas atravesamos la puerta del museo de la calle Corrales 1862, a pocas cuadras de la mítica esquina de Centenera y Tabaré.

Pero su pasión por los autos venía de mucho tiempo atrás. “Siempre me veían a mí al lado de un coche raro, extraño, desde muy joven. Y tuve el talento de poder restaurarlos con las manos, eso me allanó mucho el camino. Nací al lado de un taller mecánico y a la tarde me escapaba del colegio para meterme en el taller con la suerte, para mí, que a ellos tampoco les gustaba la velocidad. Y eso me fue formando. Después estudié y me recibí de técnico mecánico”, recuerda nuestro “Guardián de la Historia”, como cariñosamente lo apodaron sus amigos.

Los coches extraños y Gustavo se cruzaron tempranamente. “Mi primer auto fue una Tulieta que para mi época de joven era muy raro. Un auto con carrocería de fibra y motor Renault, con una ingeniosa modificación en la palanca de cambios. A mí siempre me gustó la línea cuadrada, tanto de Ford como de Chevrolet, no me encuentro con los Fairlane o los Impala, me parece que ocupan un espacio ocioso, pero, por supuesto, respeto a todos. El auto cuanto más años tiene, mejor”, afirma categóricamente.

El local donde funciona el museo era una vieja fábrica abandonada que en sus épocas de gloria producía juguetes y calzado. Sobre la vereda hay un carruaje permanente y un banco donde la gente puede sentarse, mientras que la colorida fachada está ambientada con retratos de personajes históricos, ruedas de carruajes, bicicletas y parte del lateral de una carrocería de tres ventanas de los primeros taxi-colectivos.

Al comienzo, funcionaba como un simple depósito para sus autos de colección, pero de a poco comenzó a cobrar identidad. “Armé el museo porque lo sentí como un compromiso con la gente que empezó a venir, era como recibir gente en mi casa y no tener la cama tendida. Había que ponerlo en condiciones y lo fui ambientando día a día. Así fue que colgué del techo un Escarabajo de 1951. Ese mismo día lo vio un productor de televisión, se volvió loco con todo lo que había y me propuso de trabajar juntos. Durante muchos años funcionó como estudio de televisión. Se grababa Autorural y venían pilotos como “Cocho” López, Marquitos Di Palma y ‘Tito’ Bessone. A partir de ahí me fui haciendo más conocido y no paré más. Estuve en la televisión y mis autos aparecieron en varios programas y en algunas películas y comerciales”.

Gustavo junto a Mafalda, una inseparable amiga del museo.

Pero el Museo Porteño “Lo de Gustavo” es mucho más que una colección de autos. Allí se alojan infinidad de objetos de las más variadas épocas y usos, desde una máquina desgranadora de maíz John Deer hasta una colección de teléfonos celulares ya obsoletos. Sin exagerar, su dueño afirma que hay un objeto que cada 10 cm, incluido el techo. Y lo comprobamos. Uno de los tantos desafíos es que todo funcione y el propio Gustavo se ocupa tanto de la restauración como del mantenimiento. “Los primeros autos y objetos los fui a buscar. Era un obsesivo de estar todos los fines de semana buscando objetos y después empezó a funcionar el boca a boca, la gente me empezó a conocer y ahí empecé a agregar muchísimas cosas”.

Al pasar la puerta, nos encontramos con una barbería de 1900, un lugar donde a comienzos del siglo veinte se extraían muelas y funcionaba como verdadero consultorio odontológico. Sentada en su sillón, nos recibió nada menos que Mafalda, “un personaje que me acompaña mucho y me pareció que tenía que estar en el museo porque yo apunto a que sea para todas las edades, acá disfruta desde el más chiquito hasta la persona mayor porque se siente identificada con muchos de los objetos”, nos dice Gustavo.

Entre los vehículos más antiguos se distinguen una autobomba de fines de 1800, un carro a motor con llantas de madera y un sulky de tres ruedas a motor. Estos vehículos se construían artesanalmente en el campo con el ingenio de los campesinos como principal recurso.

Entres los objetos más disfrutados por generaciones de argentinos están las míticas heladeras SIAM y otros productos de la recordada marca nacional como un lavarropas y algunos surtidores.

Los más chicos se sorprenden con los monopatines Sprint y las bicicletas Aurorita, mientras que los mayores se emocionan con las históricas motos Gilera, DKW, Motom y Paperino.

En el museo no existen las vitrinas, todo está a la vista y los visitantes se encuentran directamente con los objetos. En algunos casos los pueden tener en la mano. Muchos se sacan fotos con piezas como el teléfono naranja de los 80 o algún portafolio. En la planta alta se recrea el ambiente de principios del siglo veinte, se puede disfrutar de la fragancia de recordados perfumes como Siete Brujas, Lanoleche, Le Sancy, Manuelita y el pituco Old Spice y también jugar con el Carrera de Caballos, el Cerebro Mágico o El Estanciero.

Entre los sulkys, los carros y los autos, la colección del “Guardián de la Historia” es de alrededor de 21 vehículos. No todos están en el museo, sino que se van rotando entre los que están en los diferentes talleres.

El primer vehículo que tuvo fue una chatita Ford A. “La restauré toda. Le hice una caja de madera con ayuda de un primo carpintero en Entre Ríos”. La chatita se hizo famosa a través de la serie “Padre Coraje”.

El último de la colección es un Citroën 3CV que suele acompañar a Mafalda. “El 3CV es de 1970, yo tuve la suerte de poderlo restaurar, estaba en muy buen estado pero de todos modos lo puse en valor. Lo pelé a mano y lo terminé de restaurar en cinco meses. Tuve un reconocimiento del Citroën Club de Buenos Aires que lo premió como el mejor auto en un encuentro y además hice algunas publicidades con ese coche para el lanzamiento del Citroën Cactus. También apareció en algunas revistas con Pampita que era la imagen de la marca”.

Gustavo tiene una filosofía muy particular en relación a los automóviles. “Una de las cosas que yo siempre les digo a los que tienen auto es que una de las satisfacciones que te dan es tener que cambiarle las cubiertas. Eso es porque las gastaste. Cuidarlo pero usarlo, nada de que quede protegido y bajo techo tapado con una lona y que no lo vea nadie. Todo lo contrario, me gusta que los coches la gente los pueda ver y también despertar el entusiasmo en los más jóvenes”.

Cuando el crecimiento de la colección amenazaba con ocupar cada rincón de la vieja fábrica, Gustavo le puso una pausa para priorizar su mantenimiento. “Todas las restauraciones las hago yo, pero ahora me comprometí a mantener lo que hay y no agregar más, sino dejaría mi vida. Hasta acá llegué. Los trabajos los hago en lugares que me prestan algunos amigos. Tengo una rutina de trabajo, por ejemplo, al autobomba lo pongo en marcha cada 15 días”.

Y aunque afirma que ya no busca ni restaura más objetos, hay uno solo que en caso de aparecer podría hacerlo cambiar de opinión. “Si hay algo que el museo no tiene es un caballo de madera de calesita. Es lo único que me falta”. ¿Aparecerá?

El Museo Porteño “Lo de Gustavo” no recibe ningún tipo de subsidio. Está declarado sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y participa desde hace años en La Noche de los Museos. Este reconocimiento es apreciado por la gente que se acerca a conocerlo. Las visitas se combinan con un llamado previo. Hay visitas guiadas que duran aproximadamente una hora y media, pero la gente puede quedarse más tiempo a sacarse fotos con los objetos, tomar algo en el bar o simplemente mirar los objetos.     

Desde hace un tiempo, nuestro anfitrión se dedica de forma exclusiva al museo, aunque el esfuerzo y el sacrificio son enormes. “El arte, por supuesto, no es negocio. Si este lugar yo lo alquilara como depósito seguramente tendría mucha más rentabilidad, pero sería un hombre triste en mi casa esperando todos los meses un alquiler. En cambio así yo vivo con una ilusión”.

Recuadro

¿Dónde y cuándo?

Corrales 1862, CABA

Combinar visita al:

11-4472-0991 / 4919-7801

https://www.facebook.com/Museo-Porte%C3%B1o-Lo-de-Gustavo-1017411911729417/

museoportenio@yahoo.com.ar

Por Gustavo Feder, editor de Autohistoria

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