Murió Tulio Crespi, el histórico constructor de autos
Tulio Crespi fue un legendario constructor y diseñador argentino, considerado uno de los grandes revolucionarios del automovilismo nacional. A lo largo de seis décadas, fabricó más de 2000 vehículos, destacándose como el creador de chasis para la Fórmula Renault y diseñando icónicos modelos para el Turismo Carretera. Su talento trascendió fronteras cuando exhibió sus autos de calle Tulia GT y Tulieta GT (foto) en el Salón de París en 1975. Radicado en Balcarce e impulsado por Juan Manuel Fangio, este artesano del fierro se mantuvo activo hasta sus últimos días, fabricando incluso los autos para la serie de Ayrton Senna, antes de fallecer el 22 de septiembre de 2026 a los 88 años.
Antes de su partida, el genial diseñador dejó escrita una conmovedora carta en sus redes sociales a modo de despedida, donde expresó: «Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera… Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice». En su mensaje pidió no ser recordado por sus últimos meses de enfermedad, sino por la felicidad, los mates compartidos en el taller y la pasión con la que vivió cada uno de sus proyectos.
A continuacion, el texto completo:
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera. Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso? Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias. Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo. Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice. Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede! Gracias, gracias, gracias.
T.C.
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