El automovilismo de la vieja escuela, ese que olía a aceite caliente, asfalto puro y testosterona, acaba de perder a uno de sus últimos generales. Alan Jones falleció este jueves 5 de noviembre a los 80 años. Su esposa, Amanda Butler-Davis, confirmó que la partida se produjo de manera pacífica tras darle pelea a una breve enfermedad. Apenas tres días antes, el rudo piloto de Melbourne había celebrado sus ocho décadas de vida.
Con su partida, se nos va no solo un campeón, sino el reflejo de una era analógica, donde las diferencias no las definía un algoritmo de simulación, sino el pulso del pie derecho y el carácter en los boxes.
El hombre que construyó la mística de Williams
Jones no heredó el éxito; lo pasó por encima. Hijo de Stan Jones (ganador del GP de Australia de 1959), Alan cruzó el mapa hacia Europa en los 70 con más ambición que presupuesto. Su estilo agresivo, directo y sin concesiones llamó la atención de un joven Frank Williams y del ingeniero Patrick Head.
Juntos hicieron magia. A bordo del legendario FW07, Jones barrió en la temporada 1980 y le dio a Williams el primer campeonato mundial de pilotos de su historia. Aquel año sumó cinco victorias memorables (empezando por el Gran Premio de la República Argentina) para meterse en el olimpo de su país junto al mítico Jack Brabham. Fue el nacimiento de un gigante de la Fórmula 1, cimentado sobre los hombros de un australiano inquebrantable.
«Jones-Reut»: La guerra fría que congeló el automovilismo argentino
Para los fanáticos de este lado del mundo, hablar de Alan Jones es reabrir la bitácora de una de las rivalidades internas más electrizantes y tensas de la historia del deporte. En 1981, el box de Williams se transformó en un polvorín con la llegada de Carlos Alberto Reutemann. Eran el agua y el aceite: la precisión quirúrgica y melancólica del «Lole» contra la prepotencia física y avasallante del australiano.
El punto de no retorno se escribió bajo el diluvio de Jacarepaguá, en el Gran Premio de Brasil de 1981. Desde los boxes colgaron el cartel «JONES-REUT», la orden explícita para que el argentino le entregara la punta al campeón defensor. El Lole aceleró, ignoró el mandato y ganó la carrera. Jones, enfurecido, faltó al podio y sentenció una frase que quedó grabada a fuego: «Desde ahora, Reutemann es un enemigo más». Aquella guerra de nervios dinamitó el equipo, le costó el campeonato al argentino en Las Vegas a manos de Nelson Piquet y decretó el primer retiro de Jones.
Un palmarés de acero y el legado de un comentarista picante
Jones se bajó definitivamente de los monoplazas en 1986, dejando atrás una hoja de servicios imponente que demuestra que en su época, cada podio costaba sangre:
| El Legado en Cifras | Registro |
|---|---|
| Grandes Premios largados | 116 |
| Títulos del Mundo | 1 (1980) |
| Victorias Totales | 12 |
| Podios conseguidos | 24 |
| Pole Positions | 6 |
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