Autos Eternos

El Volkswagen Polo – Primera Parte

Tras la disolución de Autolatina, la alianza que durante casi una década integró las operaciones argentinas y brasileñas de Ford y Volkswagen, la marca alemana retomó el control de su actividad industrial en el país. El complejo de General Pacheco se dividió y Volkswagen heredó la ex planta de camiones de Ford, desde donde reorganizó su producción. El foco inicial estuvo puesto en el exitoso Gol, que en 1996 alcanzó por primera vez el liderazgo en ventas en la Argentina.

Pero los planes iban más allá de sostener un best seller. La estrategia contemplaba consolidar el crecimiento con una oferta de vehículos medianos, accesibles y de bajo consumo. En ese contexto, en abril de 1996 comenzó la comercialización del Polo Classic, un sedán de cuatro puertas llamado a ocupar el espacio que había dejado el Senda.

El Volkswagen Polo Classic había sido presentado a nivel internacional en el Salón de Frankfurt de 1995, y su producción se había iniciado en España en octubre de ese mismo año. Las primeras unidades que llegaron a los concesionarios argentinos provenían de ese país, mientras en Pacheco se ultimaban los detalles para iniciar la fabricación nacional.

En junio de 1996 llegaron a los concesionarios las primeras unidades montadas en Pacheco. La producción local comenzó con una integración superior al 50 %, porcentaje que se incrementaría de manera gradual. Componentes como la caja de velocidades ya eran de origen nacional, mientras que las piezas de carrocería se importaban desde España hasta la finalización de la planta de estampado. La instalación bonaerense no solo abastecería al mercado interno: estaba proyectada para producir hasta dos plataformas con sus respectivas derivaciones y alcanzar un ritmo de 30 vehículos por hora, con destino también al Mercosur y otros mercados.

 A finales de 1996 se incorporó la motorización naftera 1.6 Mi, y posteriormente se sumó el 1.9 TDI de 90 CV.

Un sedán racional y eficiente

El Polo Classic respondía al concepto tradicional de tres volúmenes bien definidos. Su tapa de baúl elevada permitía ofrecer un generoso espacio de carga de 455 dm³, mientras que el coeficiente aerodinámico (Cx) de 0,32 evidenciaba un trabajo cuidado en el túnel de viento. Con 4.164 mm de longitud, podía alojar cómodamente a cinco ocupantes.

En sus inicios se ofreció en una única versión (SD), equipada con motor diésel y dos niveles de equipamiento. El propulsor era de cuatro cilindros en línea en disposición transversal. Con 1.896 cc de cilindrada, entregaba 64 cv (DIN) a 4.200 rpm. Estaba acoplado a una caja manual de cinco marchas, en tanto su tracción era delantera. El nuevo sedán de Volkswagen podía desplazarse a una velocidad máxima de 156 km/h. Su bajo consumo era de sus mayores virtudes; a 90 km/h constantes necesitaba solo 4,3 litros de gasoil para recorrer 100 kilómetros.

La suspensión delantera era independiente tipo McPherson, con brazos triangulares y barra estabilizadora, mientras que el eje trasero recurría a brazos longitudinales tubulares. En materia de equipamiento, todas las versiones incluían dirección hidráulica progresiva; las más completas sumaban aire acondicionado, levantavidrios eléctricos delanteros y cierre centralizado.

Por Gustavo Feder -Continuará…

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