Citroën 2cv y 3cv – El Coche Rana
Posiblemente, Jean Pierre Boulanger, nuevo director de Citroën tras su adquisición por Michelin, nunca imaginó que un imprevisto embotellamiento causado por campesinos que en precarios carros y carretas a tracción animal transportaban su producción a los mercados, iba a dar origen a uno de los íconos más representativos de la industria automotriz mundial. Mientras se impacientaba por llegar tarde a su trabajo, pensó en la solución: un vehículo simple, una especie de carreta motorizada, con capacidad para trasladar cuatro campesinos, 50 kilos de papas o un barril, que consumiera menos de tres litros de combustible cada cien kilómetros y alcanzara una velocidad máxima de 60 km/h. Todo en él debía ser utilitario, sin dejar ninguna concesión a la estética.
Con el aval de Michelin, estas premisas fueron transmitidas al grupo de diseñadores que corporizaron, en 1937, el primer prototipo. El futuro 2CV debió esperar hasta el Salón de París de 1948 para iniciar su exitosa carrera industrial y comercial tanto en Europa como en otros continentes.
En Argentina
En 1956 circularon los primeros 2CV, importados oficialmente por Automóviles Citroën S.R.L. Dos años más tarde, se concretó el lanzamiento oficial cuando la agencia Staudt y Cía. inició su comercialización con unidades importadas de las usinas de Francia y Bélgica. La buena aceptación del público alentó a la casa matriz para alcanzar un acuerdo con Staudt y Cía. con la finalidad de instalar una fábrica en el país. La inversión inicial de 8.250.000 dólares, en herramental, equipos y materiales, se complementaba con la adquisición de las instalaciones de la fábrica de electrodomésticos Catita S.A. que fueron reacondicionadas para la producción automotriz.
Por los pergaminos alcanzados en los caminos europeos, el Citroën 2CV era el caballito de batalla para iniciar la incursión industrial en el país. Según el régimen legal vigente, se situaba dentro de la categoría “B”, que incluía autos con motorizaciones entre 190 cc y 750 cc. En este segmento debía enfrentar al Fiat 600, que al mismo tiempo comenzaba a fabricarse en la Argentina, iniciando una dura batalla comercial que se extendió dos décadas.
Los primeros 2CV argentinos venían equipados con el conocido motor bi-cilíndrico de disposición horizontal y opuesta, con una cilindrada de 425 cc y 12,5 hp. Estaba refrigerado por aire mediante turbina. Su velocidad era modesta, solo 78 km/h, aunque no era eso lo que priorizaba el usuario de la marca, sino su bajo consumo de sólo 5-6 litros cada 100 kilómetros.
Motor, caja y diferencial formaban un monobloque sobre el eje. Los primeros modelos contaban con caja de 4 velocidades completamente sincronizadas y embrague auxiliar centrifugo.
La carrocería se montaba sobre un chasis de plataforma plana. Una de las características que distinguían al 2CV era la suspensión independiente en las cuatro ruedas, basada en un exclusivo sistema de cilindros longitudinales de interacción, que se complementaban con amortiguadores a fricción embutidos en los brazos de suspensión. Esta disposición hacía casi “involcables” a los 2CV.
Con un precio de lanzamiento de $248.000, la aceptación del auto fue inmediata. En 1960 se fabricaron apenas 992 unidades, pero en 1969 la cifra de producción alcanzaba el récord de 15.280 vehículos. Por entonces, la empresa era provista por más de 450 autopartistas argentinos que contribuían para alcanzar una integración nacional del 95 %.
El 3CV. Solo en Argentina
El 1 de noviembre de 1969 se concretó la presentación del 3CV AZAM con importantes mejoras respecto al 2CV. Estaba equipado con el propulsor M-28 de 602 cc y 32 hp, alternador de 12 volts y filtro de aceite en el interior del cárter. Con esta denominación se produjo solo en la Argentina. Los cambios en el exterior eran menores: faros traseros dispuestos horizontalmente, derivados del Dyane 6 francés y luces de giro también horizontales montadas sobre los guardabarros delanteros. Fueron eliminadas las luces de giro laterales. El cambio más importante en el interior fue la escala del velocímetro que alcanzaba 120 km/h. En su mecánica se destacaba la incorporación de una nueva caja de velocidades de desarrollo argentino, basada en la del Dyane 6 francés. El embrague centrífugo seguía ofreciéndose como opcional. Otras mejoras fueron el aumento a 220 milímetros del diámetro de los tambores de freno, la transmisión mediante juntas homocinéticas con ocho crucetas y la incorporación de amortiguadores hidráulicos en las cuatro ruedas.
Mientras tanto, los 2CV siguieron en producción. La versión AZAM hasta fines de 1971 y el AZM hasta marzo de 1972.
En 1970 las carrocerías de los 2CV y 3CV recibieron la incorporación de las puertas delanteras abisagradas en el pilar delantero, en reemplazo de las originales “suicidas”. En 1973, fue lanzado el modelo Prestige, que se destacaba por el diseño de su portón trasero extendido hasta el parante del techo. Esta denominación se mantuvo hasta 1977 cuando se volvió a la original 3CV para acompañar el único cambio: una parrilla plástica de color negro con el doble chevrón cromado en su centro en lugar de la de aluminio. Los últimos cambios llegaron en 1978 con la nueva identificación M-28, derivada del nombre del motor.
Por entonces, el final se aproximaba. Las nuevas reglas de juego que abrían la importación obligaban a la empresa a realizar una importante inversión para poder hacer frente a un mercado más exigente y competitivo. Desde la casa matriz, embarcada en su propia recuperación, se bajó el pulgar a las operaciones industriales en Argentina que cesaron el 1 de diciembre de 1979, luego de producir 153.007 unidades de todas las versiones.
El 3CV tendrá un revival en los ochenta de la mano de Eduardo Sal Lari y su empresa IES, pero esa es otra historia.



Pingback: Autos del Podio | Autos del Podio